Septiembre tiene algo diferente. Después de semanas de horarios más relajados, viajes, vacaciones y días largos, la ciudad recupera poco a poco su ritmo habitual. Los niños vuelven al colegio, las familias recuperan sus rutinas y Valladolid se prepara para unos días en los que las calles vuelven a llenarse de gente.
Este año, además, la vuelta al curso coincide con uno de los momentos más esperados del calendario de la ciudad: las Fiestas de la Virgen de San Lorenzo, que comienzan el viernes 4 de septiembre y se prolongan hasta el domingo 13. El programa reúne actividades para públicos muy diferentes y convierte durante varios días distintos espacios de Valladolid en lugares de encuentro.
Entre una cosa y otra, septiembre concentra muchos momentos que merece la pena fotografiar. Algunos sucederán delante de una cámara y otros aparecerán casi sin buscarlos.
La vuelta al cole también es un momento para recordar
La primera fotografía del curso suele ser bastante sencilla. Una mochila nueva, los libros preparados, el uniforme o la ropa elegida para el primer día y ese momento en el que los niños salen de casa después de varias semanas de vacaciones.
Puede parecer una fotografía sin demasiada importancia. Sin embargo, basta con conservar algunas imágenes de años anteriores para comprobar cuánto cambia un niño entre un curso y el siguiente.
La mochila deja de ser aquella que parecía enorme. Los zapatos cambian de talla. El niño que el año pasado necesitaba que le acompañaran hasta la puerta ahora quiere ir solo. Y ese pequeño detalle que hoy parece cotidiano puede convertirse dentro de unos años en uno de esos recuerdos que cuesta recuperar.
Por eso, más que buscar una fotografía perfecta, merece la pena prestar atención a cómo empieza realmente el curso. Una fotografía antes de salir de casa, otra caminando hacia el colegio o incluso una imagen de los hermanos juntos pueden contar mucho sobre esa etapa.
Después de las vacaciones, los niños vuelven a cambiar
El final del verano también marca una frontera bastante clara para muchas familias.
Durante las vacaciones los niños han pasado más tiempo en casa, han viajado, han jugado, han aprendido cosas nuevas y, en muchos casos, han cambiado físicamente. Cuando vuelven al colegio empieza otra etapa.
Es un buen momento para comparar cómo eran al terminar el curso anterior y cómo son ahora. No hace falta organizar una sesión fotográfica cada septiembre, pero sí puede ser interesante conservar alguna fotografía que permita recordar esas diferentes etapas.
Las fotografías tienen precisamente esa capacidad. Una imagen tomada hoy puede parecer completamente normal porque estamos acostumbrados a ver a nuestros hijos todos los días. Dentro de unos años, en cambio, será una forma muy precisa de volver a aquella edad.
Y entonces llegan las fiestas de Valladolid
Apenas unos días después de la vuelta a la rutina, Valladolid cambia otra vez de ambiente.
Las Fiestas de la Virgen de San Lorenzo comienzan el 4 de septiembre y durante esos días la ciudad se llena de conciertos, actividades, propuestas infantiles y encuentros en diferentes espacios. La programación de 2026 se extiende por distintos barrios y está pensada para públicos de diferentes edades.
Es un escenario perfecto para hacer fotografías diferentes a las que hacemos durante el resto del año.
Las fiestas tienen algo que las fotografías familiares de estudio no pueden reproducir: el ambiente de una ciudad en un momento concreto. La gente paseando, las luces, los puestos, las actividades, los niños disfrutando de una tarde diferente o una familia reunida en la Plaza Mayor.
Dentro de unos años, una fotografía de las fiestas no solo permitirá recordar quién aparece en ella. También ayudará a recordar cómo era Valladolid en ese momento y cómo vivíais las fiestas cuando los niños tenían aquella edad.
Las fotografías que más recordamos suelen estar relacionadas con personas
Cuando fotografiamos una fiesta, es fácil concentrarse en lo que tenemos delante: los fuegos artificiales, una actuación, las luces o algún rincón especialmente bonito.
Pero con el paso del tiempo probablemente tendrán más valor las fotografías en las que aparecen las personas con las que compartimos aquel momento.
Una fotografía de los niños mirando algo que les llama la atención, de los abuelos con los nietos, de los hermanos juntos o de toda la familia dando un paseo puede terminar teniendo mucho más significado que una fotografía técnicamente perfecta del escenario de un concierto.
La razón es sencilla. Las fiestas volverán el año siguiente, pero las personas que aparecen en esa fotografía no volverán a tener exactamente la misma edad.
También merece la pena fotografiar lo que ocurre entre una cosa y otra
No todo tiene que suceder en el momento más importante.
Una de las ventajas de llevar una cámara o tener el teléfono preparado es que podemos fijarnos en esos momentos intermedios que normalmente pasan desapercibidos. El niño que se queda dormido después de una tarde de fiestas, los hermanos compartiendo algo de comer, los abuelos descansando mientras esperan o una familia caminando de vuelta a casa.
Son fotografías menos evidentes, pero muchas veces cuentan mejor cómo fue realmente aquel día.
Y esto también sirve para la vuelta al cole. La fotografía que termina teniendo más valor puede ser la de los zapatos preparados junto a la puerta, la mochila apoyada en una silla o los hermanos desayunando antes de salir.
No hace falta que todas las fotografías tengan una historia extraordinaria. La historia aparece cuando las vemos juntas y recordamos lo que había detrás de ellas.
Septiembre también puede ser un buen momento para una sesión familiar
Entre la vuelta al colegio y las fiestas hay algo que permanece: la familia sigue cambiando.
Si hace tiempo que no tenéis una fotografía de todos juntos, septiembre puede ser un buen momento para hacerlo. No porque haya una celebración que lo exija, sino porque empieza una nueva etapa y puede ser interesante conservar cómo sois al comenzar ese curso.
Una sesión de fotografía familiar permite conseguir algo que las fotografías tomadas durante las fiestas o en casa difícilmente pueden ofrecer: una imagen cuidada en la que todos aparezcáis juntos.
No hace falta esperar a una ocasión especial para hacer una sesión de fotos familiar.
Además, no tiene por qué tratarse únicamente de fotografías posadas. Una sesión puede combinar retratos de toda la familia con imágenes más naturales de los padres con sus hijos, los hermanos entre ellos o pequeños momentos de interacción.
Es una forma de conseguir fotografías que dentro de unos años puedan formar parte de un álbum familiar, ocupar un lugar en casa o simplemente convertirse en uno de esos archivos que volvemos a abrir de vez en cuando.
Un septiembre que dentro de unos años será otra etapa
Ahora mismo, la vuelta al colegio y las fiestas de Valladolid forman parte del presente.
Dentro de unos años serán recuerdos.
Los niños que empiezan este curso con una mochila nueva habrán crecido. Los hermanos que hoy todavía van juntos al colegio tendrán otras preocupaciones. Los abuelos estarán un poco mayores y algunas de las personas con las que compartimos las fiestas quizá ya no puedan acompañarnos de la misma manera.
Por eso merece la pena fotografiar septiembre. No para convertir cada día en una sesión fotográfica, sino para conservar algunos momentos que permitan volver a esta época cuando ya haya pasado.
Las fotografías hacen precisamente eso: guardan una pequeña parte del tiempo cuando todavía no somos conscientes de que estamos viviendo un recuerdo.
Quizá recuerde simplemente cómo era vuestra familia entonces.

