Hay momentos en los que parece que tenemos un motivo perfecto para hacernos fotografías. El nacimiento de un hijo, una comunión, un cumpleaños importante, una boda o una celebración familiar suelen convertirse en ocasiones para reunirnos delante de una cámara.
Pero entre una fecha señalada y otra pueden pasar muchos años.
Los niños siguen creciendo, la familia cambia y cada etapa termina dejando paso a la siguiente sin que apenas nos demos cuenta. Y, precisamente por eso, esperar siempre a que ocurra algo especial puede hacer que dejemos sin fotografiar muchos momentos que algún día echaremos de menos.
Una sesión de fotos familiar no necesita una celebración como excusa. A veces, el motivo puede ser mucho más sencillo: querer conservar cómo es vuestra familia ahora.
No todo lo importante aparece en el calendario
Cuando pensamos en una sesión fotográfica familiar, solemos buscar una fecha concreta. Queremos que coincida con un cumpleaños, unas vacaciones o alguna otra ocasión especial.
Sin embargo, la vida familiar no está formada únicamente por esos días.
Está también en las tardes juntos, en los juegos de los niños, en los abrazos, en las conversaciones y en todas esas pequeñas situaciones que forman parte de la rutina. Son precisamente esas cosas las que cambian con el tiempo y que, cuando los hijos crecen, descubrimos que nos habría gustado conservar de alguna manera.
Una sesión familiar permite detener durante un momento esa etapa. No porque esté ocurriendo algo extraordinario, sino porque esa familia que tenemos hoy también merece ser recordada.
Los niños no dejan de crecer porque no hagamos fotografías

Hay una etapa especialmente evidente: la infancia.
Cuando convivimos todos los días con nuestros hijos, los cambios parecen pequeños. Un poco más altos, una nueva afición, otra forma de hablar o de relacionarse con nosotros. Pero si comparamos fotografías separadas por varios años, la diferencia resulta enorme.
Una sesión familiar puede convertirse en una forma de guardar ese momento concreto antes de que cambie.
No hace falta esperar a que cumplan una edad determinada ni a que exista una celebración. Puede ser precisamente el hecho de que ahora tienen tres, seis o diez años el motivo suficiente para hacer unas fotografías que dentro de diez años tendrán un significado completamente diferente.
Y no se trata únicamente de fotografiar a los niños. También merece la pena conservar cómo erais vosotros cuando ellos tenían esa edad, cómo os relacionabais y quiénes formabais parte de su día a día.
Una sesión familiar no tiene que consistir en posar

Una de las razones por las que algunas familias retrasan una sesión de fotos es porque imaginan que tendrán que permanecer durante un buen rato mirando a cámara y repitiendo poses.
Pero una sesión familiar puede plantearse de otra manera.
Las fotografías en las que todos miran a cámara siguen teniendo su lugar, especialmente cuando queremos una buena imagen de toda la familia. Sin embargo, también es interesante dejar espacio para las fotografías que muestran cómo sois cuando estáis juntos.
Un abrazo, un juego entre hermanos, un padre hablando con su hija o los niños riéndose mientras intentan colocarse para una fotografía pueden contar mucho más sobre una familia que una sucesión de poses idénticas.
La cámara puede registrar el resultado, pero lo importante es que la fotografía conserve algo de vuestra forma de estar juntos.
También puede ser un buen momento para reunir a varias generaciones
No todas las sesiones familiares tienen que estar protagonizadas únicamente por padres e hijos.
En ocasiones, el mejor motivo para organizar una sesión es conseguir una fotografía en la que aparezcan varias generaciones juntas. Abuelos, padres, hijos y nietos pueden compartir una sesión que difícilmente se repetirá exactamente igual dentro de unos años.
Los niños crecerán, los adultos cambiarán y las circunstancias familiares también.
Por eso, cuando existe la posibilidad de reunir a varias generaciones, merece la pena aprovecharla. No hace falta esperar a una boda o a una celebración familiar para conseguir esa fotografía.
¿Y si no sabemos posar?
Es una preocupación bastante habitual, especialmente entre quienes no están acostumbrados a hacerse fotografías.
La realidad es que no hace falta saber posar.
El trabajo del fotógrafo consiste precisamente en ayudar a encontrar posiciones, encuadres y situaciones que funcionen delante de la cámara. Además, cuando una familia está interactuando entre sí, muchas de las fotografías más interesantes aparecen sin necesidad de preparar una pose.
Por eso una sesión familiar no debería plantearse como un examen delante de una cámara. Es una oportunidad para pasar un rato juntos y conseguir imágenes que reflejen quiénes sois en este momento.
Y si alguna fotografía no funciona, siempre existe la posibilidad de hacer otra.
¿Por qué hacer una sesión ahora?
No existe una fecha que pueda considerarse universalmente el momento perfecto para hacer una sesión familiar.
Quizá precisamente por eso el mejor momento sea cuando surge la oportunidad.
Cuando los niños todavía tienen esa edad que dentro de unos años habrá quedado atrás. Cuando los abuelos todavía pueden reunirse con los nietos. Cuando acabáis de ampliar la familia. Cuando os apetece tener una fotografía de todos juntos que no dependa del azar de una comida familiar o de un teléfono colocado sobre una mesa.
Esperar a una ocasión especial significa, en muchas ocasiones, esperar a que ocurra algo. Hacer una sesión porque simplemente queréis conservar una etapa de vuestra vida es una razón igual de válida.
Una fotografía familiar puede acabar siendo mucho más que una fotografía
Después de la sesión llega otra decisión importante: qué hacer con las fotografías.
Algunas pueden guardarse en formato digital y compartirse con la familia, pero también merece la pena seleccionar las que realmente os representan y convertirlas en fotografías impresas, ampliaciones o un álbum.
Una buena fotografía familiar no tiene por qué quedarse olvidada entre cientos de imágenes del teléfono. Puede ocupar un lugar en casa y formar parte de vuestra vida cotidiana.
Y dentro de unos años, cuando los niños hayan crecido, volver a verla será una forma de recordar cómo era vuestra familia en aquel momento.
En el blog ya hemos hablado de cómo crear un álbum con las fotos de este verano que seguirás abriendo dentro de veinte años, precisamente porque conservar una fotografía también significa decidir qué recuerdos queremos que permanezcan.
No necesitas una celebración para guardar un recuerdo
Una sesión de fotos familiar no tiene que esperar a la próxima comunión, al siguiente cumpleaños o a las próximas Navidades.
Puede hacerse porque los niños están creciendo, porque hace tiempo que no tenéis una fotografía de todos juntos o simplemente porque os apetece conservar esta etapa de vuestra vida.
En Foto Estudio Javier, en Valladolid, realizamos sesiones de fotografía familiar pensadas para conseguir tanto retratos de toda la familia como fotografías más naturales de vuestra forma de estar juntos.
Si hace tiempo que pensáis que deberíais tener una buena fotografía familiar, quizá no necesitéis esperar a que ocurra nada especial. La familia que sois hoy ya es un motivo suficiente.
Podéis consultar la información sobre nuestras sesiones de fotografía familiar en Valladolid y contactar con el estudio para plantear la sesión que mejor se adapte a vuestra familia.

