Una de las preguntas que más escuchamos antes de una sesión familiar es muy parecida:
"¿Y si los niños no colaboran?"
Es una preocupación completamente normal. Los padres quieren que todo salga bien, que los pequeños sonrían, que estén tranquilos y que las fotografías reflejen un momento especial. Sin embargo, muchas veces esa preocupación acaba generando más nervios de los necesarios.
La realidad es que la mayoría de los niños no llegan a una sesión de fotos pensando en posar. Llegan siendo niños. Con energía, curiosidad, timidez o ganas de jugar, según su personalidad y según cómo tengan el día.
Y precisamente por eso las mejores fotografías suelen aparecer cuando dejamos de esperar que se comporten como modelos y les permitimos ser ellos mismos.
La sesión empieza antes de hacer la primera fotografía
Los niños perciben perfectamente el estado de ánimo de los adultos.
Cuando los padres llegan relajados, suelen transmitir tranquilidad. Cuando llegan preocupados porque todo salga perfecto, los pequeños también lo notan.
Por eso, antes de una sesión, suele ser más útil plantearla como una actividad agradable que como una obligación.
No es un examen. No tienen que hacerlo bien. No hay nada que demostrar.
Simplemente vais a pasar un rato juntos mientras se crean recuerdos que conservaréis durante muchos años.
Cuando los niños entienden que no existe presión, todo suele resultar mucho más sencillo.
No hace falta que sonrían todo el tiempo
Existe una idea muy extendida de que una buena fotografía infantil es aquella en la que el niño mira a cámara y sonríe.
Sin embargo, algunas de las imágenes más bonitas no cumplen ninguna de esas dos condiciones.
Una mirada curiosa, una expresión de sorpresa, una carcajada espontánea o un abrazo inesperado suelen transmitir mucho más que una sonrisa forzada mantenida durante varios segundos.
Por eso, durante una sesión, no buscamos únicamente que los niños sonrían. Buscamos capturar su forma de ser.
Y cada niño la expresa de manera diferente.
La ropa ayuda, pero no es lo más importante
Muchas familias dedican bastante tiempo a decidir qué ropa llevar. Es lógico, porque todos queremos vernos bien en las fotografías.
Sin embargo, la experiencia demuestra que la ropa tiene menos importancia de la que solemos imaginar.
Lo más importante es que los niños se sientan cómodos.
Si una prenda les molesta, les aprieta o les obliga a estar pendientes de ella constantemente, terminará influyendo en su comportamiento durante la sesión.
Por eso suele funcionar mejor elegir ropa con la que se sientan naturales y puedan moverse con libertad.
Las fotografías recordarán mucho más cómo eran que la marca de la camiseta que llevaban puesta.
Cada niño tiene su propio ritmo
Hay niños que en pocos minutos están jugando y disfrutando de la experiencia.
Otros necesitan algo más de tiempo para coger confianza.
Y algunos prefieren observar primero antes de participar.
Todo eso es completamente normal.
Las mejores sesiones no son aquellas en las que intentamos que todos reaccionen igual, sino aquellas en las que respetamos el ritmo de cada persona.
Cuando un niño siente que puede actuar con naturalidad, suele terminar mostrándose tal y como es. Y ahí es cuando aparecen las fotografías que realmente merecen la pena.
Los pequeños imprevistos también forman parte del recuerdo
A veces un niño se distrae.
A veces quiere jugar.
A veces se cansa.
Y a veces ocurre algo completamente inesperado que termina convirtiéndose en una de las imágenes favoritas de la familia.
Por eso intentamos que las sesiones sean flexibles y naturales.
Porque los recuerdos familiares no están formados únicamente por momentos perfectos. También están construidos con pequeñas situaciones espontáneas que reflejan cómo era realmente esa etapa de vuestra vida.
Con frecuencia, son precisamente esas fotografías las que más emocionan años después.
Lo más importante es disfrutar de la experiencia
Cuando una familia recuerda una sesión de fotos con cariño, rara vez habla de poses o de iluminación.
Lo que suele recordar es el momento compartido.
Las risas, las conversaciones, los juegos y el tiempo pasado juntos.
Y esa es la razón por la que las fotografías terminan teniendo tanto valor. Porque conservan algo más que una imagen. Conservan una experiencia.
Si estás pensando en realizar una sesión de fotos para tu hijo o hija y te preocupa que no esté quieto, que se ponga nervioso o que simplemente no tenga ganas de posar, no te preocupes demasiado. Son situaciones que forman parte de nuestro trabajo y que vemos con frecuencia. Si quieres más información sobre nuestras sesiones infantiles o resolver cualquier duda antes de reservar, estaremos encantados de ayudarte y explicarte cómo trabajamos.

